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La literatura de Carmiña Navia

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Por: Sahateé Salazar Muñoz

Antonio Machado, Gioconda Belli, Sor Juana Inés de la Cruz, María Mercedes Carranza, Agripina Montes del Valle y Alfonsina Storni son algunas de las influencias poéticas y literarias de la profesora Carmiña Navia. Esto lo mencionó durante el conversatorio de Viernes de Letras de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.

Durante el conversatorio, Carmiña confesó también que su literatura tiene cierta relación con el mundo espiritual, intuyo que se debe a la admiración y la influencia de las monjas escritoras a las que lee.

Carmiña habló de sus inicios con la poesía, de la evolución de la misma. Al principio su poesía tenía un carácter más intimista, en donde se exaltaban las emociones, especialmente el amor. Más adelante, encontró que su poesía evolucionaría hacia lo que se conoce como “antipoesía”, creada a partir del escritor Nicanor Parra. El ritmo flexible y los temas cotidianos se convierten entonces en sus elementos principales para poder destruir los referentes literarios convencionales, y solo de esta forma, distanciandose, podrá encontrarse con una expresión literaria renovada, innovadora. La invitada leyó también sus poemas y compartió una serie de temas variados: la política, lo social, la vida, la belleza de la naturaleza, el de ciertas mujeres dentro de la biblia, entre otros.

Hacia el cierre de la noche, Carmiña reflexionó sobre las múltiples escritoras femeninas que han escrito sobre la locura, cosa que la impulsa a investigar sobre el tema a fondo, y finalmente la llevó a escribir dos libros en los que indaga sobre estos relatos: “Rondando la Pluma y la Palabra” y “Escritoras Latinoamericanas: Razón y Locura”. La conversación entonces invita a reflexionar sobre las voces femeninas que han alimentado también la literatura latinoamericana desde otros lugares, desde otros miradas, diferentes y no menos valiosas que la de los escritores masculinos más reconocidos.

La recuperación de la voz femenina en el trabajo de Carmiña Navia

El acto de entender o de juzgar sobre algún estado de cosas lleva a un permanente enlace dador de sentido entre lenguaje y mundo Liliana Weinberg

La presencia de Carmiña no pasa desapercibida. No se debe a su estatura, ni tampoco a un rasgo físico concreto, más bien se trata de un aura, algo casi místico, un tono particular hace que se destaque mientras camina de manera silenciosa y tranquila. Ella es sobria, contemplativa y de naturaleza pausada, observa todo con sus grandes ojos claros, no es esta una mirada ligera, se trata de una mirada aguda y analítica, la de una intelectual. Habla con una voz suave y fluida, podríamos afirmar que es incluso armoniosa, pero no podemos dejarnos engañar, esta mujer es crítica, inteligente y persuasiva en su discurso, denota una seguridad propia de las personas que han vivido mucho.

Carmiña afirma en una entrevista que de niña la llamaban “mica”, tenía un espíritu inquieto y travieso. Se crió en la Buitrera, en un lugar rural, en donde tal vez desarrolló esa capacidad de contemplación y desde muy temprano se interesó por la literatura, uno de sus placeres precoces fue leer. Debido a que tuvo unos padres estrictos, Carmiña desarrolló ese carácter disciplinado y riguroso, que algunos de sus colegas y estudiantes destacan. Al crecer, Carmiña estudió en el colegio “El Sagrado Corazón”, lo religioso y lo espiritual quizás ya se relacionaban con ella desde esa época y lo que más recuerda con agrado era a sus profesores de literatura.

Su formación intelectual es variada e interesante. Estudió literatura, complementó sus estudios con una especialización en “Lengua y Literatura Española”; realizó tres maestrías, una en “Teología”, otra en “Literatura Latinoamericana”, y la última en “Español y lingüística”. Podríamos seguir si quieren con otras formaciones académicas complementarias pero el texto no debe extenderse tanto, es broma, la verdad es que Carmiña Navia ha sido una estudiosa incansable y una académica prolífica. Entre las áreas en que se mueve se destaca como poeta, teóloga, ensayista, feminista, investigadora y gestora cultural. No creo que debamos encasillarla, ya que sus perfiles son variados y sobre todo nos demuestran el tipo de ser humano que es.

Carmiña se ha preocupado fundamentalmente por el papel de la mujer en la sociedad, y lo que es mejor aún, ha trabajado en pos de ello y ha sabido darle un lugar de importancia a las distintas voces de escritoras e intelectuales femeninas en latinoamérica mediante acciones concretas y significativas, como la creación de la línea de investigación de género dentro de la Universidad del Valle, la fundación de una biblioteca en Meléndez donde se brindan talleres y charlas de apoyo pensados para las mujeres, la colaboración en la fundación de la casa cultural “Tejiendo Sororidades” de Cali y su trabajo de investigación en torno a intelectuales latinoamericanas. Carmiña tiende unos fuertes lazos solidarios hacia las mujeres de todas las clases, especialmente, hacia las mujeres de clase popular y nos demuestra así ese rasgo generoso y humano que lleva dentro.

Por otro lado, también se ha interesado y apasionado con la investigación teológica. Este es su interés por lo místico, quizás su única relación con lo sagrado al haber estudiado minuciosamente la biblia, su búsqueda por lo trascendente del ser humano. Sospecho que Carmiña se inmiscuye en estas búsquedas desde su sentido crítico y desde su curiosidad intelectual, más que desde algo que obedezca a un adoctrinamiento concreto. Carmiña insiste en reconocer el papel de la mujer también desde estos espacios, los del culto religioso, desde los que ella misma reconoce se oprime a la mujer, se trata como a un ser inferior. De forma curiosa son precisamente estos espacios en los que más presencia de mujeres hay, empezando por las monjas, por lo que se hace necesario visualizar y reconocer más el trabajo de estas mujeres invisibilizadas desde este medio fuertemente patriarcal.

Tanto las mujeres salvajes como los lobos salvajes están en peligro de extinción, así versa una frase de la escritora Clarissa Pinkola Estés, cosa que me hace pensar inevitablemente en el trabajo de Carmiña Navia en pos de recuperar la voz femenina rebelde y contestataria, escondida detrás de una larga lista de intelectuales masculinos que han ganado a diferencia de ellas, más popularidad y aceptación por parte del público.

En este sentido, podríamos comparar a Carmiña Navia con una especie de arqueóloga encargada de escudriñar entre los restos de un pasado, en el que se da a la tarea de recuperar las voces de esas mujeres silenciadas, realizando un trabajo minucioso y esmerado, así rescata Carmiña las historias de mujeres líderes y emblemáticas, esa es la forma en que visualizo su trabajo. Existen múltiples razones por las cuales se silencia a estas mujeres que han marcado la diferencia, estando desde la posición que les ha tocado asumir, se les ha tachado de locas, de raras, incluso de irracionales, a pesar de haber sido grandes pensadoras. Entendiendo que el ser humano es un conglomerado de contradicciones en el que pueden habitar la razón y la locura, no veo por qué ambos no pueden echarse una mano y trabajar juntos, a favor de resultados de largo alcance como lo han sido el de los grandes locos y escritores del mundo. Sin más preámbulos, los dejo con la escritora de esta noche.

Fuente: Agencia de Noticias Univalle