La Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle organizó el panel “Investigación e Intervención Social en Comunicación con Enfoque de Género”, un evento que a pesar de su carácter académico, fue pensado como un espacio para hacer pedagogía en torno al tema, entre la comunidad universitaria.
Durante el panel, se presentaron cuatro trabajos de investigación e intervención social realizados por egresadas de distintas cohortes del programa académico de Comunicación Social y Periodismo. Dos de estos fueron trabajos de grado presentados para optar al título en comunicación social, se trata de “Del litoral al asfalto: memorias de desplazamiento y resistencia”, de las comunicadoras Diana Agredo, Daniela Ramírez y Aura Lema, y “Caja de herramientas para pensar la sororidad” de Wendi López, Laura Muñóz y Kelly Sánchez.
“Del litoral al asfalto: memorias de desplazamiento y resistencia” es un libro que reúne las voces de seis mujeres campesinas afrocolombianas, desplazadas por la violencia y que residen actualmente en el barrio Potrero Grande, del oriente de Cali. Diana, Daniela y Aura, sus autoras, se sintieron increpadas por lo que significaba ser mujer en esta ciudad y mientras formulaban su proyecto de grado, el país se preparaba para votar por el plebiscito sobre los acuerdos de paz, que condujo su investigación hacia la construcción de un registro de la memoria histórica del conflicto armado, a través de las narraciones de mujeres sobrevivientes, que abandonaron sus territorios para sobrevivir en Cali.
Por otro lado, “Caja de herramientas para pensar la sororidad” es una intervención social con enfoque de género a mujeres recluidas en un centro de formación para menores de edad. Una vez por semana, durante seis meses, Wendi, Laura y Kelly trabajaron, con estas adolescentes, temas relacionados con género, feminismo y sororidad, un concepto que ha sido estudiado y promovido en latinoamerica por la teórica mexicana Marcela Lagarde, quien lo define como una alianza política.
Para Wendi López, la sororidad significa ser aliadas, reconocer a la otra en todo sentido, construir proyectos colectivos para reducir violencias, no juzgarnos, ni seguir directrices del sistema patriarcal como odiarnos, no respetarnos o envidiarnos. “Violencia hemos sufrido todas, situaciones de desigualdad o de opresión del patriarcado hemos vivido todas, entonces ¿por qué no reconocernos desde eso?. Se trata de trabajar desde los acuerdos y no desde los disensos”, afirmó la comunicadora, quién reconoce que durante esta intervención se logró fortalecer la conciencia política de género de las menores recluidas y también la suya y la de sus compañeras de trabajo.
Laura Muñóz, considera que siempre es posible trabajar asuntos como el tema de género con población de escolaridad baja y condiciones de vida difíciles y que además es necesario, porque así se potencia que la calidad de vida de estas personas y mejore en la medida en que se puede tomar conciencia de las violencias que se viven, de los entornos violentos en los que se está y de la responsabilidad de las mujeres frente a las acciones que convierten a una mujer en generadora de violencias hacia otras congéneres.
Por su parte, Alejandra Ramírez presentó el trabajo “Significados del lugar/espacio, comunidad y empoderamiento desde una perspectiva de género. Experiencias de mujeres afrocolombianas desplazadas del Pacífico colombiano”, con el que obtuvo el grado de magister en estudios del desarrollo, derechos humanos, género y estudios del conflicto del Instituto Internacional de Estudios Sociales (International Institute of Social Studies – ISS), de la Universidad Erasmo de Róterdam, Países Bajos.
Este trabajo cuenta las experiencias de mujeres afrocolombianas desplazadas por la violencia en el Pacífico colombiano y que están viviendo en Cali procesos de significación del espacio, que tienen un sentir particular frente a la comunidad y una definición propia del empoderamiento.
Durante los Acuerdos de Paz de la Habana, se habló de restitución de tierras y de apropiación del espacio, pero para Alejandra Ramírez, las demandas que hacen las mujeres, desplazadas por el conflicto armado, en cuanto a la apropiación del espacio no tienen que ver necesariamente con sus entornos rurales de origen, “muchas de ellas no quieren regresar pero si reclaman espacios en la ciudad”, afirmó la comunicadora, quién agregó: “Hay un vacío en este tema en el Proceso de Paz, puesto que se reconoce que sí hay entornos de los que las personas se sienten parte, pero no que también hay procesos en las ciudades y que generan arraigo, por eso la importancia de escuchar voces distintas a las que plantea un documento que viene de una institución o el Gobierno”.
Por último, Natalia Campo, quién además de comunicadora social también es licenciada en literatura de la Universidad del Valle y maestra en artes visuales de la Universidad Nacional Autónoma de México- UNAM, presentó la tesis doctoral, con la que se graduó como doctora en humanidades de la Universidad del Valle, “Con ojos de Mujer: Representaciones de género en cinco fotógrafas feministas latinoamericanas”.
En este trabajo se hizo un estudio sobre las representaciones, los roles y las prácticas de las relaciones de género en la obra de cinco fotógrafas mujeres latinoamericanas que han manifestado un interés importante por la perspectiva de género: la colombiana Libia Posada, quien trabajó con mujeres desplazadas por el conflicto armado; la chilena Zaida González, cuyas fotografías resignifican temas de la iglesia católica y los cuentos de hadas; la mexicana Teresa Serrano, que trata los conceptos de las relaciones de género a través del video performance; Alma López, quien también es mexicana pero está radicada en Estados Unidos y se reconoce como feminista queer, ha trabajado sobre el género y el feminismo a través de una estética kitsch que ha denominado ‘rasquachismo; y la fallecida cubana, Ana Mendieta, cuya obra propone hacer una búsqueda hacia las raíces de la mujer, mirando por fuera del cuerpo femenino, que ha sido repetidamente abordado desde lo hegemónico, para poder regresar a su propio ser y a su esencia.
Natalia Campo manifestó que entre los hallazgos de su investigación se encontró con la importancia de la educación y la reeducación de la mirada para las mujeres, de que éstas puedan hacerse conscientes de lo que está pasando con su forma de ver el mundo para empezar a mirar de otra manera; asimismo, resaltó la importancia de descolonizar esa mirada, tratar de olvidar lo impuesto para re-aprender lo propio. También destacó el lugar que ha tenido el autorretrato en el trabajo de las mujeres artistas como parte del proceso de auto reconocimiento y abordaje de los conceptos relacionados con el feminismo y el género.
A este panel asistieron estudiantes, docentes y personal administrativo de las dependencias de la Universidad, lo que demuestra un creciente interés y sensibilización entre la comunidad universitaria por el tema de las relaciones de género.
