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La guerra nos ha insensibilizado

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La firma del acuerdo de paz en Colombia se hará en poco tiempo pero su implementación podrá durar dos o tres décadas.

La estructura mafiosa que se enquistó en parte de la sociedad colombiana y 50 años de guerra afectaron las maneras de sentir, pensar, comunicar y valorar de los colombianos, por ello demorará la implementación de la paz en el país, dijo Julián de Zubiría Samper durante la conferencia que dictó en el Conversatorio “Educación y construcción de paz”, el viernes 4 de noviembre, en la Universidad del Valle.

El Conversatorio fue organizado por el Programa Institucional de Paz, Corpuv y la Cátedra de Construcción y Formación Ciudadana del Programa Académico de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos de la Universidad del Valle.

El académico indicó que la mafia y la guerra rompieron y fracturaron el tejido social y nos condujeron a desconfiar del otro, por considerarlo con un nivel ético inferior al nuestro, y sin la confianza en el otro no es posible construir y armar proyectos colectivos.

Sin proyectos colectivos no hay tejido social y sin éste no hay desarrollo, así las cosas un país no es viable.

La desconfianza se apoderó de la sociedad y tenemos que cambiar esa forma de pensar para poder lograr un verdadero desarrollo social,

Durante la charla De Zubiría Samper explicó que la guerra conduce a la degradación de la vida humana, pero si a la guerra se vinculan las mafias el asunto se complejiza.

Pero la degradación social fue mayor porque algunos sectores sociales fueron tolerantes con la mafia. Además, los medios de comunicación fueron pasivos frente al paramilitarismo que cometió 4.400 casos de asesinatos y la prensa calificó con el eufemismo de falsos positivos.

El lenguaje y la educación también han sido permeados por la mafia del narcotráfico y la guerra, explicó Julián De Zubiría Samper.

En Colombia nos hemos insensibilizado frente a la muerte del otro, cuando asesinan a una persona desconocida, es común escuchar  “por algo será” o “quien sabe que debía”, lo que muestra claramente que la vida ha perdido valor, en nuestro medio.

En el 2014, más de la mitad de los feminicidios fueron cometidos por una persona conocida por la víctima, como el esposo, novio o admirador que asesinó por intolerancia y ésta se acentúo con la guerra.

Una de las frases más comunes en nuestro medio es “no dé papaya” que invita a desconfiar de los otros porque consideramos que tienen menor compromiso ético y aprovecharán cualquier circunstancia para causarnos daño.

La desconfianza implica y “obliga” juzgar al otro, pues es una consecuencia natural o producto del proceso de desconfianza hacia los demás y en las zonas donde más se ha acentuado el conflicto el asunto es peor. En Europa, o mejor aún en la mayoría de países desarrollados, no se juzga al otro porque se le respeta, explicó el conferencista.

Por otra parte, prosiguió Julián de Zubiría Samper, adoptamos parte del lenguaje de las mafias. A quien se queja o denuncia hechos irregulares se le dice sapo y al mejor ciclista le decimos capo, palabra utilizada para nombrar al jefe de los bandidos.

Como si fuera poco, anotó el conferencista, quien roba al Estado fácilmente lo denominamos “vivo” y hasta son comunes los dichos tales como “el mundo es de los vivos”.

Pero el lenguaje no solo ha cambiado socialmente. Como consecuencia En las universidades también se adoptó un lenguaje militar.

Los académicos hablan de mortalidad académica para referirse a los que pierden las asignaturas o el semestre y refieren como deserción o desertores a quienes no terminan sus estudios.

Fuente: Agencia de Noticias Univalle