Ayer fue un día sin mayores novedades en el Campus de Meléndez de la Universidad del Valle, sin embargo algo poco común ocurría por los lados del restaurante universitario, al lado del Parque de Banderas, pues cerca al medio día había una romería.
Me acerqué con algo de cautela porque inicialmente pensé que podía ser un conflicto. Pero me retornó la confianza cuando vi un grupo de músicos, en el césped, con marimba, guitarra y tambora tocando como si estuviesen ensayando, rodeados por varias cámaras de video y fotografía. Entonces la curiosidad me acercó un poco más.
Como sin interés y sin afanes, como cualquier curioso que quiere saber qué pasa en su entorno, me acerqué a otro de los noveleros y con un tono cómplice le pregunté qué sucedía. Me respondió con algo de entusiasmo. “Estos músicos son el grupo Herencia de Timbiquí y están grabando un video”.
Sabía que Herencia de Timbiquí es un afamado grupo nacido en Timbiquí y que ha obtenido premios como la gaviota de oro en el Festival de Viña del Mar en Chile, pero pensé seguir de largo, sin embargo estaban tocando una melodía de esas que detienen al que la escucha y, como si algo me obligara, terminé en el corrillo, como integrado con la música y los cantantes.
Luego de unos minutos culminó la grabación y, como la neblina, los curiosos empezaron a dispersarse sin dejar huella. Yo estaba en el papel de curioso, así que abordé a uno de los músicos. Un joven de unos 27 años, un poco barbado, tez clara y de palabra fácil, con una camiseta negra que en la espalda tenía el nombre del grupo.
Me le presenté y con la intención de iniciar una conversación le arrojé una pregunta, como quien lanza un anzuelo al río, pensando que quizá no respondería, o que lo haría muy ligeramente. Le pregunté si era cierto que tres egresados de la Universidad del Valle eran integrantes del Grupo Herencia de Timbiquí.
Su respuesta fue la de alguien que parecía estuviera esperando esa pregunta desde hacía tiempo y me dijo con cierto tono de alegría y alborozo “sí, así es, yo soy Andrés Pinzón, el guitarrista del grupo y soy orgullosamente egresado de la Licenciatura en Música de la mejor, de la Universidad del Valle”.
Como si fuera un antiguo conocido agregó. “Aquí en el campus de Meléndez he pasado los mejores momentos de mi vida. ¡Ahhh! que no daría por seguir aquí en la Universidad, pero los compromisos no me dan tiempo”. Y la conversación siguió, como entre dos amigos que se reencuentran. En un tono que no entendí si era una queja o una explicación me dijo que estaba feliz de ser parte de Herencia de Timbiquí, pero extrañaba la Universidad.
Le pregunté qué era lo que más extraña y me contó que estudiar música era algo que le gustaba mucho, por eso después de graduarse de la licenciatura en música, en 2012, siguió estudiando y se graduó en guitarra clásica el año pasado.Luego de una pausa agregó, “también extraño a mis profesores como el maestro Héctor González, quien me influenció como profesor y como persona”.
Después me enumeró a los profesores Arturo Henao, Svetlana Bouchkaber, Adolfo Montaño, Mario Gómez Vignes y Angela Triana como personas que lo formaron musicalmente y a quienes extraña de alguna manera.
Para cambiar el tema le pregunté cómo había llegado a integrar un grupo tan reconocido y me comentó que desde que comenzó sus estudios universitarios trabaja con grupos musicales. En principio tocaba canciones de rock y luego hizo parte de otros grupos con un repertorio variado.
Así transcurrió gran parte de su vida estudiantil, aprendiendo música, generalmente clásica en las mañanas y tocando música popular en las noches.
Y como cualquier persona que vive en la música, para la música y de la música conoció grupos y artistas ya reconocidos en el ámbito nacional e internacional. A veces porque alternaba con ellos en el escenario y otras porque le pedían que reemplazara fortuitamente alguno de sus integrantes. Lo hizo en algunas oportunidades con Herencia de Timbiquí y cuando ellos necesitaron un guitarrista lo llamaron.
Mientras hablaba, el guitarrista Andrés Pinzón llamó, con un gesto de mano, al marimbero del grupo Enrique Riascos y me lo presentó. Le dijo que yo estaba preguntando por los egresados de la Universidad que hacían parte del grupo.
Enrique es un moreno de un metro con 72, de esos que inspiran confianza en mirada, sereno y la cabeza llena de trenzas pequeñas. Es decir, con un peinado poco usual.
Con voz medio risueña dijo que él era egresado de ingeniería eléctrica y el otro integrante egresado de la Universidad, de ingeniería electrónica, es Cristhian Salgado pero no estaba presente.“Me gradué en el 2014 de ingeniero eléctrico”, prosiguió Cristhian, “pero no me pregunten cómo lo hice, pues el trabajo en el grupo no me daba tiempo para la tesis de grado, sin embargo logré hacerla, entregarla y graduarme”.
¿Y porque escogió la ingeniería eléctrica si su interés en la vida está signado por la música?, le pregunté al marimbero Riascos, quien respondió con la tranquilidad que lo caracteriza.
“Es que las dos cosas me gustan mucho y estudiar ingeniería eléctrica es algo importante para mí, a pesar de que entré a Herencia de Timbiquí en el 2008 y pase más tiempo en presentaciones y ensayo que en la misma Universidad, a la venía a cumplir básicamente con mis obligaciones académicas porque no tenía tiempo para nada más”.
Pensé continuar con la conversación pero ya la mayoría de los músicos habían subido al bus que los sacaba del campus universitario, mientras mis dos interlocutores se despedían con un saludo un poco extraño. Me dijeron “después seguimos hablando”, como si en realidad fuéramos conocidos de mucho tiempo que en corto tiempo se volverán a encontrar.
Fuente: Agencia de Noticias Univalle

