{"id":16601,"date":"2016-11-11T15:12:55","date_gmt":"2016-11-11T20:12:55","guid":{"rendered":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/?p=16601"},"modified":"2016-11-11T15:12:55","modified_gmt":"2016-11-11T20:12:55","slug":"cinco-historias-descifrar-periodismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/cinco-historias-descifrar-periodismo\/","title":{"rendered":"Cinco historias para descifrar el periodismo"},"content":{"rendered":"<p>Alberto Salcedo Ramos es sobre todo un contador de historias. Las escribe, las verbaliza, las toma prestadas, las transforma. Sabe que no hay mejor manera de transmitir conocimiento que a trav\u00e9s de un relato, no por nada los libros sagrados utilizaron la par\u00e1bola y la an\u00e9cdota para replicar sus concepciones sobre lo divino, o las fabulas, con sus bien alcanzadas moralejas, cimentaron gran parte de lo moralmente aceptado en el mundo occidental.<\/p>\n<p>El escrito barranquillero, durante el taller \u2018Retos del periodismo actual\u2019 que dict\u00f3 el d\u00eda de ayer en el marco de los 25 a\u00f1os del Peri\u00f3dico Cultural La Palabra, de la Universidad del Valle, utiliz\u00f3 cinco historias ancladas en el mundo literario de la no ficci\u00f3n para ilustrar mejor la esencia del periodismo.<\/p>\n<p>Estos fueron los relatos narrados durante el taller,\u00a0 puestos en escena por quien es considerado el mejor cronista de Latinoam\u00e9rica en la actualidad.<\/p>\n<ol>\n<li>El tambor Kat\u00edo y el poder de las palabras:<\/li>\n<\/ol>\n<p>Hace un par de d\u00e9cadas\u00a0 Juan Jos\u00e9 Hoyos, uno de los m\u00e1s reconocidos\u00a0 cronistas, novelistas y acad\u00e9micos de Colombia, escribi\u00f3 la historia del Jaiban\u00e1 Salvador, un indiecito Kat\u00edo que conjuraba las desgracias y las dichas de su pueblo tocando un tambor forrado en la piel de un mono selv\u00e1tico. La cr\u00f3nica, que apareci\u00f3 publicada a p\u00e1gina entera en el peri\u00f3dico El Tiempo, fue le\u00edda en caf\u00e9s, oficinas, parques, plazas y universidades de todo el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Varias tardes despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n, Juan Jos\u00e9, sentado en su modesto despacho de corresponsal en Medell\u00edn, recibi\u00f3 la llamada de un emisario Kat\u00edo quien le dijo que el Jaiban\u00e1 Salvador quer\u00eda reunirse con \u00e9l. -\u00bfY para qu\u00e9 quiere verme?-, pregunt\u00f3 preocupado Juan Jos\u00e9 -Venga que \u00e9l aqu\u00ed le cuenta todo-.<\/p>\n<p>El cronista acept\u00f3 la misteriosa invitaci\u00f3n. Emprendi\u00f3 su viaje de varios d\u00edas en medio de la selva y cuando lleg\u00f3 al resguardo\u00a0 se encontr\u00f3 con un anciano triste.<\/p>\n<p>-Su historia me hizo mucho da\u00f1o- empez\u00f3 a increparle el Jaiban\u00e1,\u00a0 -antes nadie me conoc\u00eda, ahora mucha gente pregunta por m\u00ed. Hace varios d\u00edas, unos antrop\u00f3logos vinieron hasta aqu\u00ed y me propusieron un trueque: yo les daba el tambor y ellos me daban este juego de cubiertos. Siento dolor, usted no sabe lo que ese tambor significaba para m\u00ed-.<\/p>\n<p>Juan Jos\u00e9, triste como el Jaiban\u00e1, volvi\u00f3 a Medell\u00edn. No pod\u00eda evitar sentirse culpable del robo del tambor.\u00a0 \u2013Pero, \u00bfsi una historia hizo desaparecer el tambor, otra historia no lo har\u00e1 retornar?-, se sent\u00f3 y escribi\u00f3 una misiva muy sentida a la que llam\u00f3 \u2018Devuelvan el tambor, \u00a1carajo!\u2019.<\/p>\n<p>D\u00edas m\u00e1s tarde, el tel\u00e9fono volvi\u00f3 a sonar. \u2013El Jaiban\u00e1 quiere verlo otra vez-.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00f3 a la selva, de camino al resguardo Kat\u00edo, Juan Jos\u00e9 escuch\u00f3 la voz profunda del tambor volando como un p\u00e1jaro por sobre la inmensidad de la manigua. M\u00e1s adelante,\u00a0 se encontr\u00f3 con Salvador. -Yo tengo un rezo para que llueva, uno para curar a un enfermo, para espantar a los animales ponzo\u00f1osos y varios m\u00e1s para sacar al diablo de un cultivo, pero no ten\u00eda el poder de hacer regresar mi tambor. Sepa algo periodista, usted es m\u00e1s poderoso que yo-.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>La historia importa, mucho m\u00e1s que la mujer m\u00e1s hermosa del planeta:<\/li>\n<\/ol>\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez estaba radicado en M\u00e9xico cuando su hermano Jaime lo invit\u00f3 a su matrimonio. Gabo hab\u00eda sido nombrado padrino de bodas, as\u00ed que no ten\u00eda opci\u00f3n de posponer el compromiso. El Nobel tomo entonces un vuelo a Cartagena acompa\u00f1ado de su esposa Mercedes Barcha esa misma semana.<\/p>\n<p>\u2013Vamos a dar un paseo en carroza por la ciudad- le propuso su hermano Jaime. \u2013Ir\u00edamos los cuatro. T\u00fa, Mercedes, mi prometida y yo-. Gabo, complacido con la idea, acept\u00f3. De paseo por la ciudad, entrada la tarde, Gabriel y Jaime vieron caminar por la acera a la mujer m\u00e1s hermosa del planeta. Durante un largo rato, mientras miraban a aquella ave del para\u00edso, los hermanos no dijeron una sola palabra, hasta que un par de cuadras m\u00e1s adelante Gabo le pregunt\u00f3 a Mercedes.<\/p>\n<p>-Dime una cosa. \u00bfCu\u00e1nto tiempo llevamos juntos?-<\/p>\n<p>-Muchos a\u00f1os-.<\/p>\n<p>-Y durante todos esos a\u00f1os, \u00bfalguna vez te he faltado al respeto?-.<\/p>\n<p>-M\u00e1s te vale que no-.<\/p>\n<p>-Pues hoy tengo que hacerlo. No me resisto. Tengo que decirle algo a esa muchacha tan bella-.<\/p>\n<p>Mercedes, quien ante los ojos de todos siempre hab\u00eda sido la c\u00f3mplice incondicional de Gabo, le dio la raz\u00f3n. Los Hermanos Garc\u00eda M\u00e1rquez bajaron de la carroza, caminaron varias cuadras buscando a la muchacha, pero notaron muy tarde que la mulata ya hab\u00eda desaparecido. Decepcionados, Gabriel y Jaime subieron a la carroza.<\/p>\n<p>Se celebraron el matrimonio, la luna de miel, las bodas de papel y Jaime segu\u00eda buscando a la muchacha en esa calle cartagenera; mientras que en M\u00e9xico, Gabo escrib\u00eda la historia del encuentro que no pudo ser.<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde Jaime Garc\u00eda M\u00e1rquez, sin propon\u00e9rselo, se encontr\u00f3 a la muchacha. Le pidi\u00f3 su n\u00famero y sali\u00f3 buscando una cabina telef\u00f3nica para llamar a M\u00e9xico. \u2013Gabito, no me lo vas a creer- le dec\u00eda entusiasmado Jaime. \u2013Acabo de encontrar a la muchacha aquella, la que se nos perdi\u00f3 cuando nos bajamos de la carroza-. Gabo, con un evidente tonito cascarrabias, le respondi\u00f3 \u2013Jaime, pendejo, me acabas de da\u00f1ar la historia-.<\/p>\n<p>-\u00bfVen la diferencia entre el mujeriego y el artista?- -, reflexion\u00f3 Alberto Salcedo Ramos durante el encuentro. -La historia tiene mucha m\u00e1s importancia que la mujer m\u00e1s bella del planeta-.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Los Gigantes de New York y la libreta de apuntes:<\/li>\n<\/ol>\n<p>La primera vez que Paul Auster, el escritor, guionista y director de cine estadounidense visit\u00f3 por primera vez un estadio de B\u00e9isbol, Los Gigantes de New York jugaron su mejor encuentro de la temporada. A sus ocho a\u00f1os, Auster no recordaba haber vivido un d\u00eda m\u00e1s feliz; el chasquido del bate que inundaba las grader\u00edas cuando su equipo golpeaba la bola, el olor de la mostaza calent\u00e1ndose sobre las salchichas, o los aplausos y gritos en cada \u2018Home Run\u2019 quedar\u00edan grabados en su memoria. Cuando termin\u00f3 el juego, cerca de la entrada de los camerinos, el peque\u00f1o Paul se encontr\u00f3 de frente con Willie Mays, el mejor beisbolista de la historia.<\/p>\n<p>-Puedo tener su aut\u00f3grafo-, le pregunt\u00f3 t\u00edmido Auster. -Claro nene, dame tu bol\u00edgrafo- Pero, \u00bfqu\u00e9 ni\u00f1o de ocho a\u00f1os lleva un bol\u00edgrafo a un estadio de B\u00e9isbol? Auster busc\u00f3 un bol\u00edgrafo entre las personas que se apresuraban a salir del estadio, pero era in\u00fatil, nadie ten\u00eda. \u2013Lo siento peque\u00f1o, si no tienes uno no puedo firmarte nada-.<\/p>\n<p>Para evitar que ese episodio se repitiera en un futuro, el peque\u00f1o Paul empez\u00f3 a llevar hasta cuatro bol\u00edgrafos consigo a todo lado. Al poco tiempo, llegaron las libretas, e inmediatamente\u00a0 llovieron los apuntes. Cada idea que se le ocurr\u00eda, cada situaci\u00f3n interesante que ve\u00eda, o cada conversaci\u00f3n que escuchaba en la parte trasera de un autob\u00fas, fueron a parar en su libreta. Gracias a ese bochornoso episodio, naci\u00f3 un escritor.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li>Cortazar, un consejo y la necesidad de escribir:<\/li>\n<\/ol>\n<p>Julio Cortazar pensaba bien que decir. Un joven aspirante a escritor le hab\u00eda pedido un consejo y ahora esperaba alguna revelaci\u00f3n del argentino para echar a andar su carrera. \u2013Lee, lee mucho. Y hasta que no termines de leer lo suficiente, no escribas nada-, atin\u00f3 a decir Cortazar.<\/p>\n<p>Mucho tiempo despu\u00e9s, durante su segundo encuentro, el escritor de Rayuela sonri\u00f3 al joven mientras le ped\u00eda los textos que hab\u00eda escrito. \u2013No escrib\u00ed nada, me dediqu\u00e9 a leer-, dijo orgulloso el muchacho. Cortazar, embolsillando su sonrisa le dijo \u2013Si no escribiste nada durante todo este tiempo, siento decirte que no tienes futuro como escritor-.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li>Hasta las \u00faltimas consecuencias:<\/li>\n<\/ol>\n<p>En una biograf\u00eda coral de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Mercedes Bacha revel\u00f3 un detalle que nunca hab\u00eda sido contado sobre la vida del Nobel. Cada que se sentaba a escribir, Gabo se sumerg\u00eda tanto en la historia, luchaba tanto con ella, que se le hincha todo el cuerpo. -Y bueno- pregunt\u00f3 Alberto Salcedo Ramos al auditorio, \u00bfqui\u00e9n de ustedes est\u00e1 dispuesto a escribir hasta el hinchamiento?<\/p>\n<p>Fuente: Agencia de Noticias Univalle<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Salcedo Ramos es sobre todo un contador de historias. Las escribe, las verbaliza, las toma prestadas, las transforma. Sabe que no hay mejor manera de transmitir conocimiento que a trav\u00e9s de un relato, no por nada los libros sagrados utilizaron la par\u00e1bola y la an\u00e9cdota para replicar sus concepciones[&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16586,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16601"}],"collection":[{"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16601"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16601\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16602,"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16601\/revisions\/16602"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16586"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16601"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16601"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/emisora.univalle.edu.co\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16601"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}